En España hay un grave problema: la puntualidad. Siempre que nos toca hacer algo que no nos gusta (trabajar) hacemos lo posible por evitarlo.. ir a tomar el cafe… hacer como se vas a por unos papeles en otro despacho (pasear por los pasillos para hacer tiempo), llamar al tio que supuestamente esta enfermo para preguntarle como esta, etc..
Hay muchos aspectos que los propios trabajadores pasan por alto en su trabajo. Factores como la puntualidad, la imagen que se transmite con la ropa o el look, o sucesos acaecidos en Caprabo y el Chiki – chiki hacen que pongamos el grito en el cielo, unos a favor y otros en contra.
Todo esto viene a cuento con el articulo que publica El Pais.
Los hechos sucedieron el 27 de noviembre de 1999 en el Hospital Clínico de Valencia, donde la madre había ingresado el día anterior para dar a luz. Sobre las 14.00, se produjo un “prolapso del cordón” (salida del cordón umbilical a través del cuello uterino antes de la salida fetal), por lo que la ginecóloga decidió practicar una cesárea de urgencia. Para ello, trasladó a la paciente al quirófano de urgencias en el ascensor y, mientras tanto, la matrona no cesó en introducir la mano en su vagina para sostener la cabeza del feto y evitar que el prolapso causara la disminución del flujo sanguíneo.
Al llegar al quirófano, lo encontraron “cerrado y apagado” y sin el instrumental quirúrgico preparado. Eran las 14.15, y los médicos y anestesistas lo tenían todo dispuesto para comenzar, pero faltaban las cuatro enfermeras. La ginecóloga pudo comenzar la intervención a las 14.21, después de que un celador le consiguiera un bisturí que ni siquiera era el apropiado para la incisión, relata la sentencia.
Este retraso, “determinante” según el tribunal, hizo que el niño naciera con parálisis cerebral. Las enfermeras, en su recurso, responsabilizan de lo ocurrido a la ginecóloga, que “tan sólo” era una médico residente “sin capacidad para hacer frente a la situación”. Al respecto, la sentencia afirma que la ginecóloga “hizo cuanto tenía que hacer”, y el hecho de que fuera residente “no implica imprudencia” en su actuación.
¿Qué pensaríais si por llegar seis minutos tarde a vuestro trabajo os condenan a dos años de prisión? Inicialmente os parecería cuanto menos, una medida absurda, surrealista, abstracta, excesiva e inconcebible…
pero ¿qué pensaríais si además os digo que fueron cuatro enfermeras que a consecuencia de su retraso, se provocó una demora en una intervención quirúrgica de cesárea con resultado de parálisis cerebral para el recien nacido?
Creo, y aún a riesgo de calificarme como un extremista, radical o demás adjetivos que se os antojen, la mayoría de los trabajadores no son ni consecuentes, ni entienden la propia responsabilidad del trabajo que llevan a cabo.
Valga como ejemplo, que no juzgo a estas cuatro compañeras que se fueron a comer juntas, ni tampoco su labor profesional que puede ser intachable, pero errores de planificación tan graves no se pueden permitir en ningún tipo de trabajo.
Hasta que toda la sociedad en general no adquiera un compromiso de responsabilidad laboral mucho más elevado, así como conciencia por el propio puesto que desempeñan.